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martes, 22 de junio de 2010

La Mantequilla es para viejos...

Cada mañana escucho derretirse el Sol como la mantequilla de los viejos en las tostadas recién hechas. Y mientras ellos untan sin parar la pasta amarillenta de la vaca por el pan, el Universo se esparce como la mantequilla, como los jóvenes y no tan jóvenes que se cambian el pelo de color y que impulsan su ego para no fundirse y desaparecer cuando es el precepto del todo...


En un Jóven Mundo con dientes afilados los cazadores se reemplazan por los consumidores y los recolectores por los productores. La cultura de lo joven, la música de los jóvenes, el sexo para jóvenes, el dinero y el ocio exclusivo de los jóvenes. Si estas al margen de la moda y del ego que quiere exprimirte el bolsillo no eres jóven. Y no serlo es terrible en el Viejo Mundo y para ti. Los anglosajones conocen a esta caricatura del culto ansioso por la juventud como el Ageism. Pero para el Universo esta ridícula discriminación por edad es mantequilla...

Y la mantequilla inventada por nosotros, consciente que una franja de edad la utiliza como lubricante y otra prácticamente hace con ella un ritual desde el más severo respeto, pregunta:

-Tú, novato que me manejas como grasa sexual, ¿Qué es lo que más te interesa de la vida?
-Yo quiero lucirme, beber, follar, esnifar, poseer y bailar claqué...

-Y tú, octogenario que haces una ceremonia conmigo: ¿Con qué eres feliz?
-Me gusta el Sol, la mañana, las tostadas y me gustas tú...

La grasa amarilla que un día concebimos y comercializamos comienza a cavilar. Nuestro viaje empieza con el pan embadurnado de nocilla y termina con la hogaza cubierta de mantequilla. Y en medio del terrible sandwich, las facturas y mentiras...