Cada vez creo más en el fatum de los antiguos griegos. Me encantan los canapés de huevas de pescado, es como metralla de mar que estalla en mi garganta. El fatum griego, debería decir algo más de él. Y los de jamón con tomate, me gusta que el cerdo esté cebándose para desgarrarlo por mi estómago. El fatum siempre tiene algo de fatalidad, creo recordar. En cambio el paté no me agrada demasiado, ojalá que los patos murieran de cirrosis natural y no provocada. El fatum es caprichoso y hace tiempo que no descubro nuevos sabores, menos mal que ahora viene el mejor canapé...
!!! Una isla !!!
