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jueves, 7 de enero de 2010

Carta a Siddhartha...

Oh grandioso Siddhartha nuestras buenas y nuestras malas acciones nos persiguen como una sombra...

Siddhartha
-¿Qué podría decirte yo, oh venerable?... ¿Que buscas demasiado? ¿Que es a fuerza de buscar que no encuentras?
-¿Cómo?
-Al buscar -continuó Siddhartha-, ocurre fácilmente que nuestros ojos sólo ven el objeto que perseguimos. Por ello, porque todo lo demás es inaccesible a nuestros ojos, porque sólo pensamos en aquella meta que nos hemos fijado, ésta nos posee por entero y nos hace imposible el encontrar.
Quien dice buscar, significa un fin. Pero encontrar es ser libre, estar abierto a todo, no tener fin determinado alguno. Tú, venerable, sin duda buscas en verdad, pero la meta que tienes ante tus ojos y tratas de alcanzar te impide justamente ver lo que muy próximo a ti se halla.
Siddhartha Gautama (566-478 a. C.)

...esta es tu historia, la de un príncipe que salió de viaje y cambió la visión de la Humanidad hace más de 2500 años. Yo, si me lo permitieras, te anunciaría que todavía la gente arrasa como el mejor de los depredadores y se pudre con una sonrisa llena de larvas con su misma mirada...

Oh iluminado, si caminarás una vez más por nuestro verde y enfermizo planeta te preguntaría si comprarías bonos del Tesoro Público. Al fin y al cabo es como una empresa esto de las religiones y 400 millones de almas te siguen y te veneran como a un Dios. Lo que tu jamás quisiste, porque tu palabra niega la existencia divina. Yo acercaría mi hocico a tu oído levemente y te aconsejaría que escribieras un libro de autoayuda para transformar esos millones de fieles en dólares...

Oh iluminado, aquel que ha fornicado inmerso en el lujo y su semen ha hecho estragos, si deambularas por nuestras ciudades una vez más quizá volverías a la espiral del placer. Darías paso a la escatología y harías del dolor una mezcla más suave. Ahora todo huele a fluidos y a viñedos tiránicos pero yo te entregaría mi cuerpo y mis labios para pedirte fruta y hacer zumo a la luz de la Luna...

Oh iluminado, tú que recorriste tu interior para encontrarte con tu maldad y sufrimiento, yo te revelaría como nosotros nos tragamos estos males y los catalizamos a través del Orfidal indulgente...

Y finalmente, oh iluminado, te suplicaría que ignoraras todos mis consejos pero que me aceptaras tal como soy, formidablemente imperfecto, porque a pesar de que los deseos son los causantes de la insatisfacción, de la frustación y del sufrimiento no puedo mantener mi mente alejada de la ignorancia, el odio, el miedo, la ambicion y la falsa ilusión...

domingo, 3 de enero de 2010

Vuelve al Neolítico...

Ya sabemos retener heces en nuestro interior y nuestra sociedad sigue avanzando. Nunca debimos abandonar el Neolítico. Unos cuantos años más y lo habremos olvidado de nuestros cerebros albinos de mono. Pero eso sí por favor, unos hilos más en nuestros brazos y unos clavos más en nuestras espaldas y seremos la mejor marioneta del club Bilderberg...

Vuelve al Neólitico
El secreto es regresar a la infancia. Cuando somos pequeños rechazamos el sabor amargo, una señal de veneno en la naturaleza. Ignoremos este consejo y memoricemos una vez más a la fuerza a los grandes exploradores, a los griegos dándose por culo y a los colonizadores sometiendo indios. Y por supuesto, también a los indios:

Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen. Cada parte de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en el oscuro bosque, cada claro del bosque, cada insecto que zumba es sagrado, para el pensar y el sentir de mi pueblo. La savia que sube por los árboles, trae el recuerdo del Piel Roja.

No sé, pero nuestra forma de ser, es diferente de la vuestra. La vista de vuestras ciudades hace daño a los ojos del Piel Roja. Quizá porque el Piel Roja es un salvaje y no lo comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos.

Lo que le acaece a la Tierra, les acaece también a los hijos de la Tierra. Cuando los hombres escupen a la Tierra, se están escupiendo a sí mismos. Pues nosotros sabemos que la Tierra no pertenece a los hombres, que el hombre pertenece a la Tierra. Eso lo sabemos muy bien, Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. Todo está unido.

Extracto de la carta del Gran Jefe de los Duwamish al presidente de los blancos, 1855.

Ya no recordamos a los nativos americanos porqué el mundo moderno transforma los deseos en nuestro peor enemigo. Avanzar se limita a tener un trabajo, comprarlo todo y fornicar mientras aplastamos al contrario. Todo lo demás son anécdotas...

Hace tiempo que dejamos de ser hombres de verdad. Ahora somos marionetas afónicas, la "masa sucia", trozos de carne y Orfidal. El avance es una trampa...

Vuelve al Neolítico !!!