Hoy la mañana es perfecta y el hombre primitivo se relame con su lengua rosa y afilada. Con sus uñas llenas
de mugre, huele y localiza al último mamut vivo sobre el planeta para clavarle su nota más alta. El paquidermo senil con enorme memoria sabe que es el único de su especie y el pánico hace que apenas sea capaz de retener su propia mierda. No obstante, su caída de huevos
es perfecta como la mañana, pero la raja de su enorme polla mastodóntica tiembla por que intuye que le queda poco para transformarse
en mermelada. Hace dos millones de años, cuando la mañana era perfecta, un grupo de cavernícolas localizaba y masacraba al último elefante lanudo mientras se escuchaba el crujir de su piel y su talento se malgastaba
a través el tiempo...

...y hoy, en el
siglo XXI, ya no existen
escrotos de mamut. Dime si la mañana es perfecta. En el mismo lugar donde fue troceado y desmenuzado el último mamut que caminó sobre la Tierra, se levantan unos enormes y grises edificios de oficinas. En un día como hoy, los descendientes de aquellos cazadores trabajan para otros hombres y se vuelven grises como esos edificios. Calientan sus culos en las sillas frente a pantallas
mientras olvidan...
En una mañana como hoy, un cura depositará
su músculo de escupir semen en la boca de un
acólito preadolescente y un hijo se tirará desde un séptimo para poner fin a su
aséptica vida. En un día como hoy, millones de personas estrictas
esnifarán cocaína mientras insultan a sus cerebros, los políticos seguirán robando sin consecuencias, los empresarios explotarán a sus esclavos como si fueran concubinas
ninfómanas, las madres tragarán orfidales como regaliz, los precios tocarán las nubes, lloverá mierda sobre nuestras cabezas de mono y los malditos aviones bombardearán
bodas musulmanas...
...y en una mañana como ésta, un museo expone el imponente esqueleto de aquel último mamut que nuestros ancestros despacharon con sílex. Su enorme cráneo nos observa y nos lanza una extraña sonrisa que dice:
El que rie el último rie mejor...